lunes, 9 de febrero de 2015

capitulo 1 - 3

¿Podemos vivir en un mundo ficticio en nuestra mente y a la vez en el mundo real?
Según Don Quijote, sí se podía cumplir; él vivía en ambos mundos orgullosamente.
"Este hidalgo, en ratos que estaba ocioso, empezaba a leer sus libros de caballería..." Esto demuestra que él leyendo estas novelas, imaginaba aventuras que algún día conseguiría y que su vida cambiaría gracias a ellas.
Me ha llamado la atención, las alusiones que hace Cervantes a las obras de Feliciano de Silva.

"LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN QUE A MI RAZÓN SE HACE, DE TAL MANERA MI RAZÓN ENFLAQUECE, QUE CON RAZÓN ME QUEJO DE LA VUESTRA FERMOSURA"

Por otra parte, muchos paisanos decían que estaba loco, pero ¿por qué creían esto?
Don quijote en realidad no estaba loco, su único problema fue creerse las novelas (aparte de su extraña vestimenta ). Como buen caballero que él creía ser, fue cumpliendo todos los requisitos que un caballero debe cumplir: Poner nombre a su caballo ( Rocinante); ponerse nombre de caballero ( Don Quijote de la Mancha); buscar una bella dama y ponerle nombre de princesa ( Dulcinea del Toboso) y por último, y lo más importante, que lo armasen caballero. Así es como el Hidalgo comenzó sus "alocadas" aventuras. 
Y al final como buen caballero debe despedirse de su dama para emprender sus aventuras:

La locura de Don Quijote con las novelas de caballería, me ha recordado cuando yo o cualquier persona comienza a leer un libro que le gusta o que cree que le va a gustar, y empezamos a sumergirnos en ella, como le ocurrió a Don Quijote, que vendió parte de sus tierras para conseguir más libros.

                                               Mari Paz Fernández Laguna

1 comentario:

  1. Me gusta esa idea de "sumergirme" en un libro...

    Y de todos los inmensos mares y océanos que hay y que conforman el mundo de la literatura hemos elegido el mar del Quijote para sumergirnos...

    Un mar que muchos pensamos que tiene una horrible playa, pues para alejarnos de la orilla de la misma y empezar la lectura, primero debemos quitarnos las sandalias (nuestra gran pereza y desgana, a veces tan pesada)... y atravesar con nuestros pies descalzos una arena desagradable, pues está repleta de infinidad de fragmentos de conchitas (aquellos escombros de los que hablamos en clase) que nos dificultan el entendimiento y disfrute del baño...

    Un baño que aunque al principio sea algo desagradable por su frialdad, espero que finalmente encontremos placer y disfrute en él...

    Porque una de las sensaciones más placenteras es la de perderse en un libro, aquel territorio desconocido... Llegar a tal punto en la lectura, de estar tan inmerso en ella, que te creas uno de los personajes, mimetizarse en la piel del protagonista...

    ¿No os ha pasado?

    Y es que a veces la lectura nos absorbe de tal manera que nos vuelve un poco locos, como a don Quijote que "DE TANTO LEER Y POCO COMER, PERDIÓ LA CABEZA..."

    No me malentendáis, no me quiero volver loca, pero de vez en cuando no viene mal desconectar un poco de la realidad y sumergirse en un buen libro (que no tiene porqué ser el Quijote...) e incluso volverse un poco loco...

    Rocío P.

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